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La historia
comienza cuando el I Marqúes de Comillas Claudio López López
,acaudalado indiano, adquiere las concesiones de las minas de la Montañesa
en 1883 para abastecer de carbón a sus otras dos grandes empresas,
Los Ferrocarriles del Norte y la Compañía Trasatlántica.
Tras su muerte en dicho año, su hijo Claudio Lopez Brú,
II Marques de Comillas, hereda ésta entre otras empresas de su
padre aunque hasta 1892 no escritura la Sociedad Hullera Española
que perdurara hasta 1967.
Claudio era un hombre de profundas convicciones religiosas y rápidamente
se acogió al llamado paternalismo industrial, reflejado en la encíclica
Rerum
Novarum del papa León XIII. Plasmó sus preceptos poniendo
a disposición de sus obreros, viviendas escuelas, atención
médica , medios de ocio y por supuesto unos servicios religiosos
que también corrían a cargo de la empresa.
Todo ello cristalizó en la colonia minera de Bustiello, poblado
artificial creado para albergar a empleados modelo de la S.H.E, ingenieros,
capataces y obreros especializados en su mayoría.
El poblado podía funcionar de forma autónoma ya que poseía
economato, sanatorio, escuelas, teatro ,cine, e incluso un campo de futbol...
y de hecho se pretendió que fuera la capital un frustrado municipio
minero que la S.H.E intentó crear saltándose los límites
políticos que separaban sus terrenos.
A parte de las viviendas de los empleados y capataces en el poblado se
observa la importancia que confieren los edificios de carácter
público , la iglesia, el sanatorio, el Casino (sede del Circulo
Obrero Católico) o la escuela de niños, mimados por una
peculiar arquitectura importada del modernismo catalán que se mezcla
con elementos tradicionales asturianos y que hacen de Bustiello algo más
que un simple poblado para obreros.
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